No hace tanto frío en Salamanca

24 Jan

Llego a Salamanca en un avión casi particular. Somos en total diez pasajeros. Al contarlos veo lo variopintos que somos y me imagino una historia tipo los diez negritos dentro del avión. Hay solo una azafata que se encarga del protocolo de seguridad y de pasar con una libretita y un boli para ver que zumo queremos. Va toda de rojo.

El aeropuerto es una reliquia de una base militar, y todo su personal (visible al menos) consiste en un hombre que se pasea por allí.

David (mi jefe salamanquino) me recoge y rodeamos la ciudad en coche. Me deja en mi nuevo piso, justo al lado del centro. Álvaro, uno de los inquilinos (el otro esta por llegar), es Zamorano, y con los primeros comentarios ya me introduce la rivalidad entre pueblos vecinos de Castilla y León. Me extraña que me diga que se va a la universidad (es sábado por la noche) pero lo acompaño y así me enseña el camino. Encendemos las luces de la facultad de ciencias y, ¡oh! Un péndulo de Foucault allí en medio. De momento ya le gana a las placas solares de Barcelona. Subimos hasta su despacho y nos encontramos a dos tíos jugando en dos pantallazos de mac al starcraft 2. Chuches y galletas por en medio. Mientras acaban la partida, Álvaro me hace un tour virtual de Castilla por el google maps, y luego nos vamos todos de pinchos por Van Dyck.

El domingo me voy de paseo con la cámara y mi ojo de pez. Me distraigo un rato haciéndole fotos a tipos con boina, que no son pocos, y luego por el campus y la catedral y el rio. El centro tiene un color bonito, el de la piedra de Villamayor (un pueblo de al lado), con la que se ha construido todo el casco antiguo. Son diferentes tonalidades de amarillo, y mirado des de lejos parece una especie de mármol. Los edificios no son muy altos y siempre se deja entrever alguna que otra capilla.

De vuelta no puedo abrir la puerta y le doy a la luz, solo que en vez de la luz es el timbre de la vecina, que a la vez es la propietaria del piso. Me hace pasar y me dice un par de tiendas de jamón no turísticas y que pruebe el hornazo de Salamanca. No sé que tipo de pan es pero está relleno de embutidos. Le haré caso, desde luego.

Buenas primeras impresiones, y, la verdad, no hace tanto frío en Salamanca.

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One Response to “No hace tanto frío en Salamanca”

  1. Cris 24/01/2012 at 23:55 #

    Un bon començament, ja ho pots ben dir! 🙂

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